
01/06/2012
Que de ti quede el verbo preñado

24/05/2012
Coincidencias literarias
Iba en el metro cuando terminé de
leer Confesiones de una máscara de
Yukio Mishima. Una joya literaria que les recomiendo. El vagón iba atestado de
gente, lo cual resulta innecesario decirlo, pues ya es una condición sine qua non de ese medio de transporte
en la ciudad. A mi lado iba un chino (así les decimos a todos los que tienen
rasgos asiáticos, sin importar si es japonés, chino, coreano o tailandés). Olía
mal; no, muy mal. Una hediondez exacerbada entre sudor y alcohol. Vagón de los
nuevos, de los que aún tiene aire acondicionado, iluminación y buen sonido; de
esos que las agarraderas no te agarran, de las que se desplazan a lo largo del tubo cromado horizontal cada vez que frena o arranca. El chino perdió el
equilibrio y con generosidad, vació su contenido estomacal sobre los que iban
sentados…
Esperaba a que me atendiera el
médico. Segunda sesión de fisioterapia. Mi kindle tiene tanto lomito literario
que no sé por dónde empezar a echarle diente. Días previos había comenzado a
leer Aura de Carlos Fuentes. Tenía
meses queriendo leer algo de este prolijo autor, pero entre una lectura y otra,
lo fui relegando. Fuentes murió en días recientes. Vamos, ya es hora que lo leas –me dije. Así lo hice. Mientras
terminaba de leer la última página con una degustación absoluta –vaya que me
encantó este texto–, los gritos de una madre desesperada colmaron el ambiente
del consultorio. –Coño Aura, quédate
quieta carajo. Aura, que tendría entre ocho y diez años, siguió brincando.
Se me acercó y me preguntó: –Señor, ¿qué está
leyendo?11/05/2012
Ganadores y finalistas de SACVEN
Octavio Paz dijo: “El poeta no es un hombre rico en
palabras muertas, sino en voces vivas”. Y este libro, Juegos Florales de la Poesía
Tradicional da fe de ello, como un canto que retumba con voces de antaño que
siempre vuelven.09/05/2012
Psicosis post de sembrina
17/04/2012
TRIPACK
Las tres fueron rechazadas al primer carajazo contra el asfalto, se volvieron leña. Juntas se fueron al casting de “Termineitor
Con el tiempo buscaron trabajo en una tienda erótica. Estaban de lo más emocionadas. Serían el juguete oculto de cuanto hombre solitario, que por harto de usar sus manos, quisiera entregarse al peor es nada polímero termoestable; o quizás de alguna mujer que jugando para el mismo bando, el cavernoso no sería de primera necesidad para colmarse toda. Pero hubo un defecto de fábrica y aunque las tres lo sabían, las muy descaradas se hicieron las locas. Sólo recuerdan a los clientes, algunos con sombreros y lentes oscuros, armando el merecido zafarrancho al dependiente de la SEX SHOP: «Vino sin vagina»...«¿Cómo?»... A lo que los ofendidos clientes reiteraban: «Sin vagina, sin la rayita».
En su desesperación y dado el elevado costo de la vida algo tenían que hacer; producir el dinero necesario para el sustento y justificar sus existencias en este reino “full empty” como decía una de ellas. Por algo Dios –bueno a decir verdad las máquinas–, las trajo al mundo. Tras un anuncio de prensa y el vertiginoso tiempo de los cuentos, fueron seleccionadas como Cheerleaders de un equipo de baloncesto venezolano (no de la NBA, no se crean). Todo iba de maravilla hasta el medio tiempo. La música cabilla comenzó a sonar para que se tongonearan como la anatomía manda, pero sus rígidos movimientos no pasaron desapercibidos por el público, que entre chiflas, abucheos e infinitos vasos de cervezas, las corrieron del lugar. «Chama, lo que más me arrechó no fue tanto eso, sino que me pusieran la cancioncita esa, la del panameño, la que dice “Ella era una chica plástica...” Su madre».
Fueron mesoneras, pero las despidieron por el inevitable baño de café caliente que caía sobre los clientes cuando intentaban servirlos; salvavidas tipo “beiguach”, pero todos los bañistas imprudentes se les ahogaban puesto que no podían sumergirse a las profundidades para rescatarlos; lo intentaron en un escuadrón de bomberos, pero a la primera alarma de incendio salieron corriendo; también de trabajadoras sociales pero nadie les creía por plásticas...
Fueron días muy difíciles. Estaban conversando sobre el duro proceso de conseguir empleo en la ciudad. Rememorar sus anécdotas ahora sí les resultaba gracioso desde la comodidad de su vitrina, salvo por la prima Dilcia, que como la canción del Puma, perdió la cabeza, los brazos y las extremidades inferiores, no por amor, sino por una fuerte insolación que agarró en la playa. Literalmente se derritió. La pobre está allí al lado izquierdo de la foto y casi nadie la toma en cuenta.
«Chama, menos mal que conseguimos este trabajito, aunque ya me duele el brazo por tenerlo alzado... ¿Y yo, que tengo los dos arriba?, deja la quejadera chica... Yo lo que necesito es darme un buen baño, ya me apestan las axilas, uff...Por cierto, no te vendría mal hacerte una lipo...Ay sí, plasticamo diciéndole a morrocoy polimerúo, mírate en el reflejo, deberías hacerte las lolas que se te están cayendo... Pero bueno, dejen la discutidera que las tres somos iguales y aquí nos pagan por posar. A trabajar, que hay gente viéndonos, a trabajar...»
09/04/2012
Rosas y duraznos
Uno de los lugares más visitados por los caraqueños a la hora de pasear, de recrearse, es la Colonia Tovar. Este pequeño refugio en medio de la naturaleza y frías montañas del Estado Aragua, halló en Marisol Marrero la vía para vincular la historia, real o ficticia, con la literatura. Su prosa nos envuelve con sutileza a través de imágenes oníricas, esas que coquetean con el lector y lo hace dudar entre verdad o fantasía. En Rosas y duraznos vuelven las voces fundadoras de una estirpe de mujeres de carácter trágico; impetuosas pero irremediablemente melancólicas, las mismas que Marrero dio a conocer en Lotte von Indien: La coloniera de Tovar y Niebla de pasiones. Una trilogía que enaltece la literatura desde el punto de vista estético e histórico.
La genealogía descendente que va desde Lotte, María Manuela y Kina, hasta llegar a la nieta (Eugenia), y el relato de la bisnieta (Inés), cierra el ciclo de pasiones y sufrimientos de una historia verosímil pero que siempre le hace un guiño a lo fantástico. Las casas, esos personajes que hablan, que sienten, son ese aditivo que hacen de la lectura un verdadero placer. “Allá veo la casa. Desde que regresé de Alemania, ella empezó a llamarme... se viste para mí, se pone dominguera con los rayos de sol que atraviesan sus techos derruidos. Cuando me dirijo al que fuera mi cuarto, respira fuerte como si suspirara, su pulso se acelera...”. En éstas, se reviven los cuentos y los episodios que formaron parte de hechos fundacionales del lugar. Los personajes se mimetizan, especialmente Kina, con la dura y noble madera de la casa y los muebles, y muy seguramente Marrero, aprovecha con elegancia el momento para disimular su propia voz: “¡Tengo que escribir para poder vivir!...Con la escritura he sustituido todas mis carencias...” .
El elemento epistolar también está presente en Rosas y duraznos, que aunque en menor grado, complementa al libro como unidad artística. Esto nos transporta en el tiempo y crea el contexto necesario para enmarcar la historia. María Manuela de Tovar en una de las cartas dice: “en este momento que le escribo soy una casa deshabitada”, pues el desarraigo, la distancia con aquel pueblo aislado en las montañas de Aragua pero con sangre germana, la sigue llamando. Este capítulo, además, abre con un epígrafe más que elocuente sobre la imaginería que de principio a fin recorre la novela: “La imaginación se insinúa en la realidad, la contamina y termina por crearla”, Julia Kristeva.
La recreación de estas pioneras fundadoras de la Colonia Tovar y sus historias, no podía estar exenta del tema erótico en medio de las casas de madera, la fría niebla y el perfume de exóticas flores: el ambiente perfecto diría cualquiera. El momento para vivir el amor en la novela le cierra el paso por instantes a esos fantasmas que rondan los cafetales, los mismos que se cuelan a través de las paredes para interactuar con los personajes. Marrero despliega su arsenal literario y hace que estas mujeres emprendedoras expongan su lado más íntimo: “Estoy muy preocupada con lo que está pasando en mi cuerpo, arriba una voz, abajo otra más primitiva que arde. Parece un animal bramando. Con esa voz froto mi cuerpo, adoro su fragancia, la unto entre mis pechos como si fueran flores, para sacar el olor del humo que hay entre ellos”.
Rosas y duraznos, un título por demás hermoso, cierra esta trilogía que pudiera enmarcarse en muchos estilos literarios: en lo epistolar, en lo histórico, en lo testimonial o todas las anteriores. Cuando una obra está bien hecha, sucede precisamente eso, que en cualquiera de las categorías calaría a la perfección. En todo caso y por encima de estas definiciones, lo importante es disfrutar de una obra hecha desde un alto nivel de conciencia por la palabra. El camuflaje de las voces nos hace dudar a veces entre la voz de un personaje y otro, y Marrero, lo hace con destreza desde ese aspecto lúdico, en donde incluso ella y otros escritores y poetas, están presentes en el devenir de los hechos. He allí el acuerdo, el pacto como lectores, dejarnos atrapar por la red imaginaria de la escritora para retroceder en el tiempo hacia una hermosa historia de Rosas y duraznos.
29/03/2012
Los diez mandamientos en el siglo XXI

En fin, anécdotas aparte, me leí con verdadero placer Los diez mandamientos en el siglo XXI de Fernando Savater. Una amiga me comentó que el mencionado autor no le gusta porque le resulta un filósofo de bolsillo, lo cual es una opinión tan respetable como la mía que va en sentido opuesto tangencialmente: a mí sí y gozo un montón las cosas que escribe.
La pasé la mar de bien escuchando –como eco ficticio de la lectura –, cómo interpelaba a Yahvé cada vez que abría un capítulo del libro correspondiente a cada mandamiento. Me imaginaba al reconocido agnóstico de lo más ufano frente a Dios, gesticulando y diciéndole con la gracia que lo dice, todas sus opiniones. Porque debo decirlo, esta parte dialógica te arranca risas, pero cuando entra en materia te pone a pensar, a reflexionar sobre su visión religiosa adaptada a nuestros tiempos.
Los diez mandamientos en el siglo XXI no es un libro que le agradará mucho –supongo yo– a los católicos recalcitrantes que se dan golpes de pecho, pero que en el pragmatismo de la vida cotidiana, le han hecho daño a más de uno. ¿Por qué? Porque Savater toca allí la delicada fibra de una de las religiones más profesadas en el planeta, con la agudeza filosófica y retórica que lo caracteriza. Si algo es cierto y estoy de acuerdo, aunque no alejándose del todo de Dios (del Dios que sea) desde la perspectiva savateriana, es cuando dice que “los no creyentes creemos en algo: en el valor de la vida, de la libertad y de la dignidad, y en que el goce de los hombres está en manos de éstos y de nadie más”. Creo que también los creyentes apoyarían esta moción sin alejarse necesariamente de su “Dios” (colores y gustos para todos).
Una de las partes cumbres del libro tiene que ver con un mandamiento que de seguro ustedes asociarán a la velocidad del rayo, y para mayor INRI, hace la siguiente a cita cuando habla con Yahvé: “Hay una observación que hace Woody Allen que te interesará: El sexo con amor es lo mejor de todo, pero el sexo sin amor es lo segundo” y por ahí se va recordándole al todopoderoso también a Kant y su visión del matrimonio como un contrato de usufructo para el goce de los órganos sexuales.
Por último y como incentivo a la lectura, Savater cuenta de dónde o cómo nacieron estas perlas escatológicas: “cagarse en Dios” o “cagarse en la hostia”, y después de leerlo, pues no consigo mejor manera de expresar los peores sentimientos que la rabia puede despertar en un corazón humano.
En fin, aquí les dejo este link http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/22/actualidad/1329922234_215883.html en donde Savater, entre otros autores, opina sobre el pensamiento crítico. Si no le parece un filósofo de bolsillo, pues lo disfrutarás mucho y en caso de arrepentimiento, para eso está el purgatorio...
Námaste.
23/03/2012
El arte de ser humano (en la empresa)

Desde esta perspectiva, Raúl Baltar, quien actualmente es presidente del Banco Exterior, institución financiera que ocupa el quinto lugar dentro de la banca privada del país, publica su primer libro El arte de ser humano (en la empresa), en donde reflexiona sobre lo antes mencionado y muchas cosas más desde esa perspectiva, que a priori, cualquiera pudiera imaginar que falta en las empresas: el calor humano.
Parte de la grata lectura que ofrece el texto, obedece a que Baltar toma como referencia diversos elementos para contrastar y establecer analogías con el aparente y frío mundo empresarial. Así nos encontramos con curiosas y acertadas comparaciones entre la gerencia y sus acciones, que funge como el timón de una empresa, con figuras como Michael Jordan o Phil Jackson; pasando por Darwin, Da Vinci, y un sinnúmero importante de figuras destacadas en todo el orbe.
El arte de ser humano (en la empresa), lleva un tono reflexivo, producto de la experiencia de Baltar en el ambiente bancario, pero que es perfectamente extendible a cualquier empresa de otro ramo que quiera sacudir sus bases para mejorar sus perspectivas de crecimiento, y sobre todo, de mayor y mejor entendimiento con todo el personal y su desarrollo profesional. Aquí se deja a un lado ese aspecto piramidal que tanto mal le ha hecho a las empresas que centran la toma de decisiones en un solo líder. La apuesta es a la integración de todas las áreas en beneficio propio, como ser humano, ya que el empresarial estaría implícito en dicho logro.
Por otra parte, da gusto conseguirse con altos empresarios evidenciar a través del texto, sus gustos literarios y Baltar no es la excepción. Shakespeare, Sábato, Borges, Gay Talese, Huxley, Murakami, entre otros, también están presentes en esos paralelismos de los cuales ya les comenté. Lo más importante de todo esto, y estoy seguro que es el objetivo principal del autor, es aplicar esas reflexiones dentro de la empresa, llevarlas a la práctica por más duro que pueda parecer al principio. Él mismo señala que “es fundamental dar cabida a la creatividad, a la iniciativa y a una cierta improvisación basada en la búsqueda de la mejora continua”.
Cuando en las organizaciones el grupo gerencial se entrega a los procesos de reingeniería, cursos, seminarios, entre otras variopintas modalidades de formación, el impulso y las ganas son enormes al principio, pero luego se va perdiendo en el camino por diversos factores que van desde lo administrativo hasta lo emocional. Es importante mantener el ritmo, “la iniciativa” a la cual se refiere el autor, para alcanzar los objetivos más sencillos y luego emprender camino hacia los más complejos. Tal como dice Stephen Covey “entender algo y no aplicarlo es tanto como no entenderlo. Sólo en el hacer, en la puesta en práctica, se interiorizan el saber y el entendimiento”.
El arte de ser humano (en la empresa), una lectura necesaria que llama a la reflexión y motiva.










