01/06/2012

Que de ti quede el verbo preñado



Que de ti quede el verbo preñado
Mustiamente entre sus vocales azules
irán naciendo palabras de acero
las mismas que ríen
las mismas que lloran
No serás más que un amasijo de implacables segundos
¡Oh, Cannabis Sativa, a dónde le has llevado!

Descepa de su paladar cualquier rastro divino

Descorcha las estrellas y sírvele sus luces
para que iluminen su vientre

No sois más que humo raído
Lagrimeas
Gimes
Pero sigo aquí
palpando su rostro olvidado
su ficción
su estela nublada de labios
su risa endeble colgada de andamios
Esperándole
taciturno
casi fingido
con dos muros disfrazados de párpados
con dos serpientes transformadas en piernas
y un pecho cosido con arena de mar
Que de ti quede el verbo preñado

24/05/2012

Coincidencias literarias


Iba en el metro cuando terminé de leer Confesiones de una máscara de Yukio Mishima. Una joya literaria que les recomiendo. El vagón iba atestado de gente, lo cual resulta innecesario decirlo, pues ya es una condición sine qua non de ese medio de transporte en la ciudad. A mi lado iba un chino (así les decimos a todos los que tienen rasgos asiáticos, sin importar si es japonés, chino, coreano o tailandés). Olía mal; no, muy mal. Una hediondez exacerbada entre sudor y alcohol. Vagón de los nuevos, de los que aún tiene aire acondicionado, iluminación y buen sonido; de esos que las agarraderas no te agarran, de las que se desplazan a lo largo del tubo cromado horizontal cada vez que frena o arranca. El chino perdió el equilibrio y con generosidad, vació su contenido estomacal sobre los que iban sentados…

Esperaba a que me atendiera el médico. Segunda sesión de fisioterapia. Mi kindle tiene tanto lomito literario que no sé por dónde empezar a echarle diente. Días previos había comenzado a leer Aura de Carlos Fuentes. Tenía meses queriendo leer algo de este prolijo autor, pero entre una lectura y otra, lo fui relegando. Fuentes murió en días recientes. Vamos, ya es hora que lo leas –me dije. Así lo hice. Mientras terminaba de leer la última página con una degustación absoluta –vaya que me encantó este texto–, los gritos de una madre desesperada colmaron el ambiente del consultorio. –Coño Aura, quédate quieta carajo. Aura, que tendría entre ocho y diez años, siguió brincando. Se me acercó y me preguntó: –Señor, ¿qué está leyendo?

El banco parecía la estación Plaza Venezuela a las seis de la tarde (bueno, a cualquier hora a decir verdad). A pesar de los avances tecnológicos y transacciones digitales, hay cosas que deben hacerse directamente en las instituciones financieras. Va otro adverbio: lamentablemente. Estaba de pie en la cola leyendo Suite francesa de Irène Némirovsky, autora que no corrió con la misma suerte que Imre Kertész, quien sí se salvo de los campos de concentración nazi. No quería que la cola avanzara rápido porque ya estaba en la recta final del libro. A dos cuerpos de la taquilla, terminé de leer esta obra monumental que relata parte de lo que fue la invasión alemana a Francia. En la taquilla de al lado, la destinada a la tercera edad, se prendió la trifulca entre dos carajitos: uno de ochenta años aproximadamente y otro de sesenta y dele. El primero le reclamó que era un tipo joven, que hiciera su cola normal. El segundo le respondió: –Viejo abusador, te coleaste, por eso es que estamos jodidos. Cuando Irene mandaba en este municipio, estas vainas no sucedían.

Fin de las coincidencias (por ahora).

PD.
Por cierto, terminé de leer Portugal y Venezuela: 20 testimonios de Yoyiana Ahumada, en una panadería cercana a mi domicilio, tomandito café. Y como mandado hacer, el ambiente musical soltó “Balada boa” de Gusttavo Lima, esa que dice en el coro Tchê tcherere tchê tchê, y que yo humildemente rebauticé como Chi chi ri vi che – chi chi ri vi che – che che en honor a esas fantásticas playas de Venezuela. En fin, coincidencias…

11/05/2012

Ganadores y finalistas de SACVEN

Todo un éxito el evento de anoche organizado por SACVEN. Un placer compartir con tantos amigos afines a la literatura. Aquí mis breves palabras.

Llevarle el pulso a la literatura en nuestros días, no es tarea fácil. Más allá del ámbito mundial, de la cantidad ingente de libros que se publican y de la tecnología tomando cada vez más terreno, en nuestro país ese proceso se ha incrementado, bien por las nacientes editoriales que se han arriesgado lanzándose al mercado o por los sellos reconocidos que apuestan al talento local. Es innegable que el ambiente de lectura se huele, se siente, se palpa, cada vez que hay un festival del libro o un encuentro en donde se presenta o se bautiza un nuevo trabajo.

En este sentido, SACVEN convocó a sus concursos literarios cuyo centro de interés son dos categorías fundamentales dentro de las letras venezolanas, la poesía (II Concurso Nacional de Poesía Tradicional) y el cuento (VIII Concurso Nacional de Cuentos), en donde quedó demostrado el quehacer, el talento y la rebosante vida que tienen dichos géneros en nuestra cultura.

A través de las palabras, del oficio de la escritura poética y narrativa, el resultado que conllevó a un veredicto final, logró juntar voces que se diferencian por sus estilos particulares y que se distancian significativamente en edades puesto que son de generaciones distintas. Así tenemos a los poetas que habrán visto correr más de un río, y a los cuentistas, que en su mayoría, llegaron al mundo en los años ochenta. Este encuentro propiciado por las letras, deja en claro que nuestra herencia literaria siempre conseguirá nuevas y valiosas voces.

En el orden estricto de mi lectura, primero llegó a mí la poesía de Camilo Balza Donatti, que en uno de sus hermosos sonetos con embriagadora nostalgia dice:  La sombra de mi voz es como un traje/ de mar en la distancia que se apaga; Ángel Segundo Castillo hace fiesta con parte de la historia del país y canta despreocupado: En el corazón del cielo/ se formó la sampablera/ porque ahora está el Gordo Páez/ con su par Alí Primera; César Enrique Acosta hace de las décimas  un deleite para los oídos y la lectura:

La décima y el soneto
se fueron a platicar
a un remoto lugar
del grandioso pensamiento
y en ese razonamiento
literato e iracundo
al no entender por qué el mundo
los ve como pacotilla
delante de la cuartilla
con su léxico profundo.

y Yorman de Jesús Tovar con sus coplas y “Soleadas soledades”, nos recuerda la ineludible presencia del llano en nuestro país, cuando dice: Y como nadie se pierde/ tras la huella del baquiano/ el baquiano es el joropo/ himno nuestro...soberano.

No quiero dejar de mencionar mi sorpresa cuando vi el perfil y la trayectoria literaria de estos poetas, una suerte de guerreros que se dieron a la tarea de rescatar la poesía tradicional, esa que para algunos es fácil de lograr y a quienes les respondería que no es nada sencillo, puesto que más allá de la sonoridad, del ritmo y la cadencia, la imagen lograda debe acompasarse con lo formal de la estructura. En este libro se conseguirán con fantásticas coplas con olor mastranto; con décimas que enaltecen el llano y nuestra historia, y también con la semblanza de una poesía que es música y raíz de la palabra poética.

Octavio Paz dijo: “El poeta no es un hombre rico en palabras muertas, sino en voces vivas”. Y este libro, Juegos Florales de la Poesía Tradicional da fe de ello, como un canto que retumba con voces de antaño que siempre vuelven.

De la poesía paso a los cuentos, a estos narradores herederos de los Garmendia, de Meneses, de Masianni y de tantos otros que harían inagotable esta lista. Si la poesía tradicional tiene que vérselas frente a frente con los versos, la métrica y los sonidos para lograr cautivar al lector, el narrador de cuentos debe hacerlo con esa extraña entelequia que es el tiempo, y mientras menos requiera de él para cautivar al lector, más difícil será su trabajo. Por ello mismo manifiesto mi admiración por aquellos escritores que en pocas páginas nos atrapa con una historia, nos toma por el cuello y no nos suelta, dejándonos simbólicamente sin aire hasta el desenlace final.

De los diez narradores ganadores y finalistas del VIII Concurso Nacional de Cuentos, he tenido la suerte de conocer a algunos de ellos y a otros al menos por referencia literaria. El punto exacto al que me quiero referir, es que todos coinciden en un lugar en donde la palabra se transforma en calle, en día a día, en eso que le puede suceder a cualquiera. La capacidad del narrador de cuentos es sacarle el mayor provecho posible a la cotidianidad, que por repetitiva, no vemos que en nuestras propias narices nos está hablando, es decir, nos está echando un cuento.

Eloi Yagüe Jarque nos regala una “Crisálida”, en donde se da la típica conversación entre hermanos cuando uno de los padres está hospitalizado. Aquí, y citando al autor, “no pensar es lo más importante”; Mario Morenza nos cuenta “La verdad de las gacelas”, que si bien es cierto no caben en un ascensor, es aquí donde comienza la historia de Sandiego, una suerte de súper investigador; Miguel Hidalgo Prince se va con “Mi padre el veterano”, en donde una relación tormentosa padre-hijo se pone los guantes de boxeo; Martha Durán nos cuenta los efectos primarios y secundarios cuando un pintor es asmático en “Un nombre para mi salud”; John Manuel Silva salta al futuro y  monta su propio negocio con “Afrodita, C.A.” un avanzado lupanar a domicilio que ofrece androides sexuales; Eduardo Febres demuestra en “Final del play”, que los juegos de video pueden resultar peligrosos sobre todo si sales de casa y si te vuelves un experto con el joystick... Y así sucesivamente transitamos por los textos de Giussepe Pastrán, Raymond Nedeljkovic, Carmen Luisa Ugueto y Carlos Colmenares Gil a quienes también recomiendo leer en esta estupenda selección de cuentos ganadores.

Haciendo honor a la brevedad posible, sobre todo cuando no es uno, sino catorce escritores entre poetas y cuentistas a quienes rendimos este humilde pero merecido agasajo, no me queda más que invitarlos a entregarse a la lectura, al placer que nos produce el acercarnos a la literatura, sin mayores pretensiones que disfrutarla, degustarla, bien sea a través de un verso tallado casi en música o de una historia que trasciende el pequeño espacio de un cuento. Tal como dice María Fernanda Palacios en ese libro casi culinario de la palabra “Sabor y saber de la lengua”, “se necesita algo más para saber emplear el lenguaje... Para recuperar el cuerpo de la lengua hay que irse a esos suburbios del decir, irse a la frontera de lo verbal, donde la costumbre no ha logrado instalarse”.

09/05/2012

Psicosis post de sembrina

(Este texto fue publicado originalmente en www.lacasaazulada.com )

No cuándo saldrá publicado esto, pero supongo que será mucho después de las fiestasde sembrinas. Y vaya sorpresa, hasta que conseguí la ocasión para rememorar esta garrafal metida de pata, muy similar a la de una mujer del ámbito social, y ahora político, que habló de la importancia de tomarHache Veinte, sí, H2O, y de las bellezas de los médanos en el estado Coro... Cristo redentor.

Voy en orden. La palabra psicosis según vi en whiskeypedia (Laureano Márquez dixit), es un estado mental descrito como una pérdida de contacto con la realidad. Esta brevísima acepción me lleva irremediablemente a pensar en los políticos de nuestro país. Vuelvo a citar y sea usted quien compare y haga la analogía con respecto a uno de los síntomas de la psicosis: Hablar a solas (soliloquio) creyendo tener un interlocutor.  Pero no ahondaré en detalles, porque ustedes, amables lectores, de seguro saben a quién me refiero.

En términos de la psicología, aquí hay delirio, desenfreno y pérdida de las perspectivas reales. Algo similar a esto se puede notar en la mayoría de las personas en el mes de diciembre, y a medida que se acercan las fechas cumbres, navidad y fin de año, esto se agudiza.  Es como si se acabara el mundo y necesariamente hay que comprar, comprar y comprar, lo que para muchos ya con efectos de antonomasia, es felicidad. Ni hablar de las cadenitas vía celular (por sms o pin), que si bien es cierto llevan muy poco de psicosis, tienen mucho de posesión espiritual: ama a tu prójimo....Buuhhh, pero después de la navidad, jode al que puedas, Buuhhh!

Mientras esto sucede y los celulares revientan con mensajes en cadenas al mejor estilo del Voldemort venezolano, cual psicóticos muchas familias se entregan a la tradición de las doce uvas, las cuales hay que engullir a la par de las doce campanadas de la catedral de Caracas, con semillas y todo. Por razones inexplicables, son las uvas más grandes y con más semillas de la reciente vendimia, y las campanadas van más rápido de lo normal. Cual malabaristas tragan, alzan las copas y evitan que los carajitos hagan algún desastre con los fuegos artificiales. En fin, qué felicidad.

Quedaron atrás aquellos 31 de diciembre que recibí en el Pico Naiguatá un par de veces. Ahora es casita y el confort junto a la familia, y cuando hay  niños, la magia brota por doquier, pues la navidad es de ellos y para ellos.  Ahora me enfrento en las calles a los impertinentes comerciantes que te restriegan en la cara los cochinitos (alcancías) para que les des suaguinaldo. Más de uno se ha arrechado ante mi negativa, pero es que uno se lo da a quien se lo gana, a esos que se esmeran por atenderte bien y no a aquellos, que sin ton ni son, representan la clásica escena de la película Psicosis, cerdito en mano y música de Bernard Herrmann, para que les gratifiques su mala praxis comercial.

Pero vuelvo al punto de interés en términos azulados. El lenguaje en ocasiones lleva mucho de psicosis, o para ser más específico, la disfunción no está en éste per se, sino en quien lo usa. Aquí me incluyo, pues no hay nada más duro que intentar defender la lengua. Deja su satisfacción cuando al menos una de cada diez personas, te agradece o reconoce que es importante darle buen uso. Y no hablo de los fancywords comoaperturarorecepcionarque muchos usan con vacua elegancia, sino a escribir o hablar lo mejor posible. En varias ocasiones he comentado vía twitter que chatear con alguien con errores ortográficos, es como hablar con alguien que tiene mal aliento. Y esto es cierto, pues tanto en los chats como en twitter, la halitosis es muy frecuente.

La ciencia y la tecnología del futuro harán su mejor esfuerzo y crearán un dentífrico para combatir esto. La psicosis es prima de la locura y media hermana de la estulticia. Erasmo de Rotterdam, creador de esa joya de la literatura universal que les recomiendo, Elogio de la locura, dice:Yo (la estulticia), en cambio, devuelvo a los hombres lo mejor y más feliz de su existencia misma, y si se abstuvieran absolutamente del trato con la sabiduría, y en todas las edades se guiaran por mis máximas, no se harían viejos y gozarían dichosos de una juventud perpetua. Emparentadas pues estas tres señoras, la psicosis pareciera algo temporalmente necesario para vivir, sobrevivir o subsistir. Luego, habría que lanzarse un cable a tierra al mejor estilo de Charly García después de la gozadera, para volver paradójicamente al caos de la verdad. No estoy ordenando a que se vuelvan locos ya que no hace falta, porque aplicando la del refrán, de poetas y psicóticos todos tenemos un poco.

17/04/2012

TRIPACK

Las tres fueron rechazadas al primer carajazo contra el asfalto, se volvieron leña. Juntas se fueron al casting de “Termineitor 3” y en la primera escena de acción, sus miembros salieron disparados por todas partes. El director se molestó como nunca –coño tenía razón–: «¡CORTE!» –dijo, iracundo, mientras brazos, piernas y cabezas rebotaban sin un patrón definido, pero pa’ lante, siguiendo el curso de la inercia. Así fue como escogieron a esa T-X rubia despampanante.

Con el tiempo buscaron trabajo en una tienda erótica. Estaban de lo más emocionadas. Serían el juguete oculto de cuanto hombre solitario, que por harto de usar sus manos, quisiera entregarse al peor es nada polímero termoestable; o quizás de alguna mujer que jugando para el mismo bando, el cavernoso no sería de primera necesidad para colmarse toda. Pero hubo un defecto de fábrica y aunque las tres lo sabían, las muy descaradas se hicieron las locas. Sólo recuerdan a los clientes, algunos con sombreros y lentes oscuros, armando el merecido zafarrancho al dependiente de la SEX SHOP: «Vino sin vagina»...«¿Cómo?»... A lo que los ofendidos clientes reiteraban: «Sin vagina, sin la rayita».

En su desesperación y dado el elevado costo de la vida algo tenían que hacer; producir el dinero necesario para el sustento y justificar sus existencias en este reino “full empty” como decía una de ellas. Por algo Dios –bueno a decir verdad las máquinas–, las trajo al mundo. Tras un anuncio de prensa y el vertiginoso tiempo de los cuentos, fueron seleccionadas como Cheerleaders de un equipo de baloncesto venezolano (no de la NBA, no se crean). Todo iba de maravilla hasta el medio tiempo. La música cabilla comenzó a sonar para que se tongonearan como la anatomía manda, pero sus rígidos movimientos no pasaron desapercibidos por el público, que entre chiflas, abucheos e infinitos vasos de cervezas, las corrieron del lugar. «Chama, lo que más me arrechó no fue tanto eso, sino que me pusieran la cancioncita esa, la del panameño, la que dice “Ella era una chica plástica...” Su madre».

Fueron mesoneras, pero las despidieron por el inevitable baño de café caliente que caía sobre los clientes cuando intentaban servirlos; salvavidas tipo “beiguach”, pero todos los bañistas imprudentes se les ahogaban puesto que no podían sumergirse a las profundidades para rescatarlos; lo intentaron en un escuadrón de bomberos, pero a la primera alarma de incendio salieron corriendo; también de trabajadoras sociales pero nadie les creía por plásticas...

Fueron días muy difíciles. Estaban conversando sobre el duro proceso de conseguir empleo en la ciudad. Rememorar sus anécdotas ahora sí les resultaba gracioso desde la comodidad de su vitrina, salvo por la prima Dilcia, que como la canción del Puma, perdió la cabeza, los brazos y las extremidades inferiores, no por amor, sino por una fuerte insolación que agarró en la playa. Literalmente se derritió. La pobre está allí al lado izquierdo de la foto y casi nadie la toma en cuenta.

«Chama, menos mal que conseguimos este trabajito, aunque ya me duele el brazo por tenerlo alzado... ¿Y yo, que tengo los dos arriba?, deja la quejadera chica... Yo lo que necesito es darme un buen baño, ya me apestan las axilas, uff...Por cierto, no te vendría mal hacerte una lipo...Ay sí, plasticamo diciéndole a morrocoy polimerúo, mírate en el reflejo, deberías hacerte las lolas que se te están cayendo... Pero bueno, dejen la discutidera que las tres somos iguales y aquí nos pagan por posar. A trabajar, que hay gente viéndonos, a trabajar...»

09/04/2012

Rosas y duraznos

Uno de los lugares más visitados por los caraqueños a la hora de pasear, de recrearse, es la Colonia Tovar. Este pequeño refugio en medio de la naturaleza y frías montañas del Estado Aragua, halló en Marisol Marrero la vía para vincular la historia, real o ficticia, con la literatura. Su prosa nos envuelve con sutileza a través de imágenes oníricas, esas que coquetean con el lector y lo hace dudar entre verdad o fantasía. En Rosas y duraznos vuelven las voces fundadoras de una estirpe de mujeres de carácter trágico; impetuosas pero irremediablemente melancólicas, las mismas que Marrero dio a conocer en Lotte von Indien: La coloniera de Tovar y Niebla de pasiones. Una trilogía que enaltece la literatura desde el punto de vista estético e histórico.

La genealogía descendente que va desde Lotte, María Manuela y Kina, hasta llegar a la nieta (Eugenia), y el relato de la bisnieta (Inés), cierra el ciclo de pasiones y sufrimientos de una historia verosímil pero que siempre le hace un guiño a lo fantástico. Las casas, esos personajes que hablan, que sienten, son ese aditivo que hacen de la lectura un verdadero placer. “Allá veo la casa. Desde que regresé de Alemania, ella empezó a llamarme... se viste para mí, se pone dominguera con los rayos de sol que atraviesan sus techos derruidos. Cuando me dirijo al que fuera mi cuarto, respira fuerte como si suspirara, su pulso se acelera...”. En éstas, se reviven los cuentos y los episodios que formaron parte de hechos fundacionales del lugar. Los personajes se mimetizan, especialmente Kina, con la dura y noble madera de la casa y los muebles, y muy seguramente Marrero, aprovecha con elegancia el momento para disimular su propia voz: “¡Tengo que escribir para poder vivir!...Con la escritura he sustituido todas mis carencias...” .

El elemento epistolar también está presente en Rosas y duraznos, que aunque en menor grado, complementa al libro como unidad artística. Esto nos transporta en el tiempo y crea el contexto necesario para enmarcar la historia. María Manuela de Tovar en una de las cartas dice: “en este momento que le escribo soy una casa deshabitada”, pues el desarraigo, la distancia con aquel pueblo aislado en las montañas de Aragua pero con sangre germana, la sigue llamando. Este capítulo, además, abre con un epígrafe más que elocuente sobre la imaginería que de principio a fin recorre la novela: “La imaginación se insinúa en la realidad, la contamina y termina por crearla”, Julia Kristeva.

La recreación de estas pioneras fundadoras de la Colonia Tovar y sus historias, no podía estar exenta del tema erótico en medio de las casas de madera, la fría niebla y el perfume de exóticas flores: el ambiente perfecto diría cualquiera. El momento para vivir el amor en la novela le cierra el paso por instantes a esos fantasmas que rondan los cafetales, los mismos que se cuelan a través de las paredes para interactuar con los personajes. Marrero despliega su arsenal literario y hace que estas mujeres emprendedoras expongan su lado más íntimo: “Estoy muy preocupada con lo que está pasando en mi cuerpo, arriba una voz, abajo otra más primitiva que arde. Parece un animal bramando. Con esa voz froto mi cuerpo, adoro su fragancia, la unto entre mis pechos como si fueran flores, para sacar el olor del humo que hay entre ellos”.

Rosas y duraznos, un título por demás hermoso, cierra esta trilogía que pudiera enmarcarse en muchos estilos literarios: en lo epistolar, en lo histórico, en lo testimonial o todas las anteriores. Cuando una obra está bien hecha, sucede precisamente eso, que en cualquiera de las categorías calaría a la perfección. En todo caso y por encima de estas definiciones, lo importante es disfrutar de una obra hecha desde un alto nivel de conciencia por la palabra. El camuflaje de las voces nos hace dudar a veces entre la voz de un personaje y otro, y Marrero, lo hace con destreza desde ese aspecto lúdico, en donde incluso ella y otros escritores y poetas, están presentes en el devenir de los hechos. He allí el acuerdo, el pacto como lectores, dejarnos atrapar por la red imaginaria de la escritora para retroceder en el tiempo hacia una hermosa historia de Rosas y duraznos.

29/03/2012

Los diez mandamientos en el siglo XXI

Mientras el Papa Benedicto XVI llevaba la palabras de Dios a México y luego hacía escala en Cuba con el mismo propósito, en un reconocido colegio de monjas en la ciudad de Caracas, la directora y madre superiora le decía a los padres de la niña X, que “económicamente no califican para entrar al colegio”. Acto seguido papá y mamá le respondieron, “sabe cómo es la vaina…” Complete usted la oración del cuento que me echaron. Me imaginé que la religiosa estaría viendo las cuentas bancarias y asientos contables de la familia para llegar a tal resolución. Tristemente no hubo HABEMUS PLATA, o ARGENTUM NO HAY…Qué cosas con la religión y el dinero.

En fin, anécdotas aparte, me leí con verdadero placer Los diez mandamientos en el siglo XXI de Fernando Savater. Una amiga me comentó que el mencionado autor no le gusta porque le resulta un filósofo de bolsillo, lo cual es una opinión tan respetable como la mía que va en sentido opuesto tangencialmente: a mí sí y gozo un montón las cosas que escribe.

La pasé la mar de bien escuchando –como eco ficticio de la lectura –, cómo interpelaba a Yahvé cada vez que abría un capítulo del libro correspondiente a cada mandamiento. Me imaginaba al reconocido agnóstico de lo más ufano frente a Dios, gesticulando y diciéndole con la gracia que lo dice, todas sus opiniones. Porque debo decirlo, esta parte dialógica te arranca risas, pero cuando entra en materia te pone a pensar, a reflexionar sobre su visión religiosa adaptada a nuestros tiempos.

Los diez mandamientos en el siglo XXI no es un libro que le agradará mucho –supongo yo– a los católicos recalcitrantes que se dan golpes de pecho, pero que en el pragmatismo de la vida cotidiana, le han hecho daño a más de uno. ¿Por qué? Porque Savater toca allí la delicada fibra de una de las religiones más profesadas en el planeta, con la agudeza filosófica y retórica que lo caracteriza. Si algo es cierto y estoy de acuerdo, aunque no alejándose del todo de Dios (del Dios que sea) desde la perspectiva savateriana, es cuando dice que “los no creyentes creemos en algo: en el valor de la vida, de la libertad y de la dignidad, y en que el goce de los hombres está en manos de éstos y de nadie más”. Creo que también los creyentes apoyarían esta moción sin alejarse necesariamente de su “Dios” (colores y gustos para todos).

Una de las partes cumbres del libro tiene que ver con un mandamiento que de seguro ustedes asociarán a la velocidad del rayo, y para mayor INRI, hace la siguiente a cita cuando habla con Yahvé: “Hay una observación que hace Woody Allen que te interesará: El sexo con amor es lo mejor de todo, pero el sexo sin amor es lo segundo” y por ahí se va recordándole al todopoderoso también a Kant y su visión del matrimonio como un contrato de usufructo para el goce de los órganos sexuales.

Por último y como incentivo a la lectura, Savater cuenta de dónde o cómo nacieron estas perlas escatológicas: “cagarse en Dios” o “cagarse en la hostia”, y después de leerlo, pues no consigo mejor manera de expresar los peores sentimientos que la rabia puede despertar en un corazón humano.

En fin, aquí les dejo este link http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/22/actualidad/1329922234_215883.html en donde Savater, entre otros autores, opina sobre el pensamiento crítico. Si no le parece un filósofo de bolsillo, pues lo disfrutarás mucho y en caso de arrepentimiento, para eso está el purgatorio...

Námaste.

23/03/2012

El arte de ser humano (en la empresa)

Muchas personas tienen un concepto frío sobre las empresas, que raya en lo banal, tal como si allí, en sus adentros, trabajaran sólo máquinas y no seres humanos. En mi caso particular y por la experiencia que he tenido en varias empresas desde el área de Publicidad y Mercadeo, puedo afirmar que no es así. No obstante, no dejo de reconocer que hay momentos en donde puede llegar a sentirse una suerte de vacío en cuanto a motivación, renovación y emprendimiento.

Desde esta perspectiva, Raúl Baltar, quien actualmente es presidente del Banco Exterior, institución financiera que ocupa el quinto lugar dentro de la banca privada del país, publica su primer libro El arte de ser humano (en la empresa), en donde reflexiona sobre lo antes mencionado y muchas cosas más desde esa perspectiva, que a priori, cualquiera pudiera imaginar que falta en las empresas: el calor humano.

Parte de la grata lectura que ofrece el texto, obedece a que Baltar toma como referencia diversos elementos para contrastar y establecer analogías con el aparente y frío mundo empresarial. Así nos encontramos con curiosas y acertadas comparaciones entre la gerencia y sus acciones, que funge como el timón de una empresa, con figuras como Michael Jordan o Phil Jackson; pasando por Darwin, Da Vinci, y un sinnúmero importante de figuras destacadas en todo el orbe.

El arte de ser humano (en la empresa), lleva un tono reflexivo, producto de la experiencia de Baltar en el ambiente bancario, pero que es perfectamente extendible a cualquier empresa de otro ramo que quiera sacudir sus bases para mejorar sus perspectivas de crecimiento, y sobre todo, de mayor y mejor entendimiento con todo el personal y su desarrollo profesional. Aquí se deja a un lado ese aspecto piramidal que tanto mal le ha hecho a las empresas que centran la toma de decisiones en un solo líder. La apuesta es a la integración de todas las áreas en beneficio propio, como ser humano, ya que el empresarial estaría implícito en dicho logro.

Por otra parte, da gusto conseguirse con altos empresarios evidenciar a través del texto, sus gustos literarios y Baltar no es la excepción. Shakespeare, Sábato, Borges, Gay Talese, Huxley, Murakami, entre otros, también están presentes en esos paralelismos de los cuales ya les comenté. Lo más importante de todo esto, y estoy seguro que es el objetivo principal del autor, es aplicar esas reflexiones dentro de la empresa, llevarlas a la práctica por más duro que pueda parecer al principio. Él mismo señala que “es fundamental dar cabida a la creatividad, a la iniciativa y a una cierta improvisación basada en la búsqueda de la mejora continua”.

Cuando en las organizaciones el grupo gerencial se entrega a los procesos de reingeniería, cursos, seminarios, entre otras variopintas modalidades de formación, el impulso y las ganas son enormes al principio, pero luego se va perdiendo en el camino por diversos factores que van desde lo administrativo hasta lo emocional. Es importante mantener el ritmo, “la iniciativa” a la cual se refiere el autor, para alcanzar los objetivos más sencillos y luego emprender camino hacia los más complejos. Tal como dice Stephen Covey “entender algo y no aplicarlo es tanto como no entenderlo. Sólo en el hacer, en la puesta en práctica, se interiorizan el saber y el entendimiento”.

El arte de ser humano (en la empresa), una lectura necesaria que llama a la reflexión y motiva.